La alimentación no siempre responde a la necesidad física. El estrés y la ansiedad pueden llevarnos a comer de manera descontrolada. Expertos sugieren estrategias para reconocer y abordar este comportamiento.


En la vida cotidiana, muchos de nosotros hemos experimentado momentos en los que la comida parece ser la solución a nuestras inquietudes emocionales. La ansiedad, el cansancio y el insomnio son solo algunas de las razones que nos llevan a buscar consuelo en los alimentos, sin que realmente sintamos hambre. Esta relación poco saludable con la comida puede ser alimentada por el cortisol, la hormona del estrés, que incrementa el anhelo por productos azucarados y ultraprocesados, afectando además nuestra calidad de sueño y, por ende, nuestra capacidad de autorregulación.

Este ciclo vicioso —ansiedad, atracón, culpa y más ansiedad— puede resultar perjudicial para la salud física y mental. La licenciada en nutrición Gorgues Elen invita a los lectores a reflexionar sobre su relación con la comida y a escuchar a su cuerpo. “Aprender a calmarse sin recurrir a la comida es esencial para romper este patrón”, sostiene.

Si te identificas con esta situación, recuerda que no estás solo. En nuestro consultorio, ofrecemos apoyo para entender las raíces de cada síntoma y trabajar juntos en soluciones efectivas. Para más información, no dudes en contactar a la Licenciada en Nutrición Gorgues Elen al 3757-525053.