El ritmo acelerado de la vida cotidiana influye en nuestros hábitos alimentarios más de lo que creemos. Comer apurados, saltear comidas o hacerlo frente a pantallas puede desconectarnos de nuestro cuerpo y alterar la relación con los alimentos.
En la rutina diaria muchas personas comen mientras caminan, trabajan o conducen. Otras, directamente, postergan o reemplazan las comidas por snacks rápidos sin registrar el acto de comer. Esta forma automática y apurada de alimentarnos tiene consecuencias directas sobre nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestro bienestar general.
Cuando comemos con prisa, el cuerpo no alcanza a enviar adecuadamente las señales de saciedad. Esto puede llevarnos a comer de más o a sentir que “nunca quedamos llenos”. Además, al no prestar atención plena al momento de comer, se pierde el disfrute, se alteran las digestiones y aumenta el riesgo de atracones o de caer en ciclos de hambre-exceso.
Comer frente a pantallas o haciendo otras tareas también disminuye la conciencia sobre qué y cuánto comemos.
La licenciada en nutrición Gorgues Elen sostiene: “No se trata de comer perfecto todo el tiempo, sino de disfrutar ese momento, sentir los sabores, comer con consciencia sea Fit o Fat disfrutarlo. Cuando bajamos un cambio y nos damos ese espacio, no solo comemos mejor, también vivimos mejor”.
Desde IGUAZÚ UNO, invitamos a repensar cómo afecta el ritmo diario a nuestra salud. Si sentís que no te estas organizando bien o no contas con el tiempo necesario para comer, recordá que no estás sola/o. En nuestro consultorio, trabajamos para ofrecer acompañamiento profesional y estrategias efectivas que te ayuden a reconectar con tu cuerpo creando planes que se adaptan a tu rutina para que disfrutes del proceso sin esfuerzo.
Para más información, podés contactar a la Licenciada en Nutrición Gorgues Elen al 3757-525053.
Ver esta publicación en Instagram